domingo 5 de julio de 2009

Búsqueda 21


Tomaré los hábitos en una catedral francesa –con naves espigadas y altas vidrieras- una mañana soleada de diciembre. Me postraré frente al altar, sobre las tumbas de los cardenales. Soportaré el frío, la liturgia y el respeto de los comulgantes. Luego viajaré hacia el norte. Hacia un pueblo con largas playas grises, sólo paseadas por perros y vagabundos. Envejeceré en un convento con claustro, cipreses y un pequeño huerto. Respetaré al prior, descifraré los códices y tal vez odie –o ame desesperadamente- a algún hermano. Recibiré la muerte con alegría y seré enterrado entre los rastrojos, apenas cubierto por un sudario.

miércoles 1 de julio de 2009

Búsqueda 20


El cansancio se adentra bajo la piel con el mimo de las arañas. Avanza en el territorio del día sin otro temor que su vejez, tejiendo largos mantos de sueño. Los pasos encogen cada mañana: la fatiga pronto alcanzará los últimos reductos. Entonces las mujeres arroparán mi cuerpo, recitaré poemas al atardecer y creeré en la palabra de los hombres.

sábado 27 de junio de 2009

Obituario


La primera vez que te vi, querido cadáver, fue durante una perezosa Navidad. Contemplé -rodeado de mazapanes y raspas de besugo, tras esquivar la desidia de mi única hermana- a veinte zombis iluminados por la sombra de un callejón. Era gordo y asustadizo, apenas causaron hilaridad y un ligero temblor. Pronto mi madre, asqueada, cambió de canal. Corrían tiempos extraños –las familias desgraciadas lo son cada una a su manera- dominados por el deseo del salto y el miedo a los vampiros. Sólo años después, tras aguantar cien veces vuestra acusación al sol, acepté avergonzado tu brillo. Y te bailaba a escondidas, con giros torpes y las persianas bajas, a salvo de la vergüenza paterna, incapaz de asumir, como el peor de los parafílicos, que admiraba el fulgor de tus zapatos blancos. Que la tierra te sea leve.

miércoles 24 de junio de 2009

Búsqueda 19


El tren ha parado en la mitad del trayecto. El cuerpo de un hombre impedía el avance. Ignoro las circunstancias del salto. Tal vez ha esperado en el límite del andén. Tal vez se ha sentado en las afueras y allí ha aguardado –sin dudas ni temblor- la llegada del ruido. Acabo de escuchar, entre risas, que es habitual. Cerca de la estación hay un manicomio del estado. Con jardines de hierba seca y habitaciones compartidas. El regreso a la ciudad ha sido lento. Tanto como el reconocimiento del cadáver, la toma de su perfil, la llegada del juez. Nos ha recogido un autobús de línea, desviado de su ruta. Lo conducía un joven obeso. Parecía aturdido por el calor. Algunos extraños, de pie entre las butacas, han comentado su molestia. El suicida había retrasado -o anulado, en casos puntuales- citas con hijos, novias, consultas médicas o mullidos sofás. No me he unido por pereza y miedo a perder el asiento. A estas horas el ritmo ferroviario ya se ha restablecido.

viernes 19 de junio de 2009

Búsqueda 18


Recuerda el desconcierto del ejército rojo. Recuerda cuando, en el frente de Leningrado, divisó el lento patinaje del enemigo. Sus medidos resbalones aproximaban la boca de los fusiles a las orillas del Neva. Sin embargo, escondieron los víveres en las azoteas, destriparon a los mejores caballos y cantaron a gritos melodías extrañas, nacidas en las estepas verdes de Asia Central. Los niños se sentaron bajo la sombra de los palacios y soportaron la cercanía del hielo, mientras alentaban las caricias de los soldados. Abrigados con banderas rojas, los agricultores vendían carne de perro a mujeres harapientas, que nunca rieron más allá de la casa de su padre. Recuerda, el silencio tardó en llegar y la fatiga aún no ha claudicado.

jueves 18 de junio de 2009

Búsqueda 17


Las ratas caminan a mi lado. Acompasan sus murmullos a mis zancadas. Han perdido el miedo y lucen con soltura su pelo gris. A veces desciendo hasta sus bocas y las alimento con pequeños insectos. Las mañanas de sol elevan sus pequeños ojos hacia la luz, sin miedo a la ceguera.

domingo 14 de junio de 2009

Búsqueda 16


El musgo crece en las esquinas más visitadas de mi casa. Los extraños abren los armarios y escogen las mejores prendas. Mi madre lamenta lo ocurrido -mientras degusta un té con leche- y los últimos amigos se esconden en los sótanos. Lo contemplo, escondido bajo las sábanas, con los ojos cerrados.

domingo 31 de mayo de 2009

Búsqueda 15


Cuido el tiempo, recorto su impureza con sosiego, como los jardineros japoneses.

viernes 15 de mayo de 2009

Búsqueda 14


No permitas que la desidia abandone sus larvas, ni alientes el desplome del tiempo. Vigila las grietas con cautela, inmóvil frente a sus trazos partidos.

jueves 30 de abril de 2009

Búsqueda 13


Siéntate bajo la sombra del muro. Mira hacia el hogar de tu padre. Recuerda la amplitud de su espalda, su amor por los zapatos limpios. Olvida las correas y las paredes húmedas. Permite que la espalda descienda y cierra los ojos. Huye de los primeros sueños, de los pasillos ciegos y las espaldas azotadas. Regresa a las narraciones blancas, gobernadas para siempre por las pieles tibias.

jueves 23 de abril de 2009

Signo



¿No es leer el mundo la actividad a la que, queramos o no, dedicamos nuestra vida? ¿No ha condicionado –o, más bien, creado- la palabra escrita toda nuestra perspectiva? Leer el mundo * transcurre entre los remotos comienzos de la escritura y la era digital, abarcando así toda la peripecia del homo typographicus. Sí, peripecia: este peculiar ensayo posee un fuerte carácter narrativo y un desenlace inevitablemente abierto. Porque el fin nunca se dará, podrá modificarse el soporte pero nunca la necesidad de la lectura, aunque sea en formatos y géneros que ahora ni siquiera podemos vislumbrar. Desde el título Víctor Bravo plantea una lectura completa y homogénea sobre la inmensa importancia que posee la lectura en nuestras vidas. Su recorrido es, paradójicamente, revelador, breve y exhaustivo. Nos permite tomar distancia respecto de lo que consideramos, con demasiada facilidad, obvio y captar de nuevo las inmensas limitaciones del lenguaje, que nos ayuda a definir, a abarcar el mundo pero también lo amputa. Además vincula la reflexión, el contenido puramente filosófico, con la información directa, ejemplificada en el salto del libro al periódico o en la historia del papel.

Consigue que en pocas páginas, apenas 200, y abarcando numerosos temas, el libro no sea un repaso apresurado de temas fundamentales, sino una provocación a la reflexión y una invitación a nuevas lecturas. Comienza en los abismos, describiendo la supuesta superioridad de las culturas escritas sobre las orales. Se remite a tiempos muy lejanos, cuando las culturas orales podían disponer de la totalidad del mundo, sin la limitación de los signos. Porque, según sus propias palabras, el alfabeto rompe los lazos concretos y obligantes con la referencia. Lentamente la escritura obliga al hombre a enfrentarse con el hombre, le adentra en un debate irremediable e irresoluble a un tiempo No obvia cuestiones complicadas, como la siempre difícil relación de la literatura con el poder, que en tiempos cercanos ha alcanzado niveles de elevada sofisticación, en los que los límites ente la oposición al poder y su apoyo se difuminan considerablemente.

Además plantea numerosas preguntas al lector, le sugiere lecturas y le obliga a replantear su mirada sobre el hecho literario. Y, sobre todo, como enuncia en sus conclusiones: ¿Para qué leer, si lo real es lo que sucede, si el suceder de las cosas arrastra todo a su paso?. Porque, supongo, no nos queda otra opción. Porque la necesidad de conocer, de interpretar el mundo, es superior a nosotros mismos.

*Leer el mundo. Víctor Bravo. 27 letras. 2009.

viernes 17 de abril de 2009

Búsqueda 12


Visito a los muertos más antiguos y queridos. Les hablo con sosiego, sin desvelar los hechos. Tramito una despedida breve, aunque cordial, que permita la esperanza del regreso.